Mercedes y Lewis Hamilton ganaron su segundo título consecutivo en la temporada 2015. ¿Está entrando la Fórmula 1 en una nueva era de dominio y qué podemos esperar de la temporada 2016, que comenzará el próximo mes de marzo?
El silencio que reina en el paddock este invierno es quizás la señal más elocuente: una temporada estable en vísperas de una revolución tecnológica. Con la excepción del traspaso de Romain Grosjean, la composición de los equipos permanece inalterada, lo que les ofrece el raro lujo de la continuidad mientras se preparan para la próxima oleada de cambios normativos que podrían entrar en vigor en 2017.
Mercedes, que lleva ya dos años disfrutando de un periodo de superioridad sin igual, parece dispuesta a ampliar aún más su ventaja. La diferencia de rendimiento del equipo alemán obliga a sus rivales a adoptar una estrategia en dos fases: primero, reducir su retraso y, luego, encontrar una solución para superar al líder de cabello plateado. En esta carrera, Ferrari parece ser el rival más creíble. Tras un renacimiento impulsado por las tres victorias de Sebastian Vettel, la Scuderia ha preferido dar prioridad a la coherencia interna en lugar de llevar a cabo reorganizaciones, manteniendo a Kimi Raikkonen, a menudo criticado, en la cabina para darle una nueva oportunidad de redimirse.
Los equipos Williams y Red Bull, antes temibles, que tuvieron dificultades la temporada pasada, no pueden descartarse de antemano. Williams muestra un renovado vigor en su programa de desarrollo invernal, mientras que Red Bull afirma estar adelantado en su calendario con su motor Renault, ahora rebautizado como Tag Heuer, lo que deja entrever un posible resurgimiento. El regreso con fuerza de Renault como escudería oficial añade otra variable a la ecuación. Tras largas deliberaciones por parte de su director general, Carlos Ghosn, el fabricante francés se ha comprometido a subir peldaños, señalando que no se conformará con un papel secundario. La rapidez con la que Renault pueda transformar sus recursos en podios será un tema a seguir a lo largo del año y más allá. Mientras tanto, la revolución técnica de 2017 ocupa un lugar importante en los discursos de los medios de comunicación. La promesa de un espectáculo más grandioso y dramático se ve atenuada por la creciente preocupación de que la incesante búsqueda de innovación de la Fórmula 1 pueda alejar a los aficionados, que se inclinan por series percibidas como más accesibles o más de moda, como el Campeonato Mundial de Resistencia o la Fórmula E. Este deporte se enfrenta ahora a una cuestión crucial: ¿puede mantener su estatus en la cima del automovilismo y, al mismo tiempo, adaptarse a los gustos cambiantes de su público?