El nuevo formato de las clasificaciones, destinado a hacer más espectacular el Gran Premio de Australia de este año, ha conseguido, por el contrario, que el evento resulte menos emocionante. Tras solo dos carreras, las grandes figuras de este deporte ya reclaman cambios. ¿Les escucharán los responsables?
El sindicato de pilotos ha acaparado la atención esta temporada, exigiendo tener voz y voto en la gestión de la Fórmula 1 tras el estrepitoso fracaso del nuevo formato de clasificación. La sesión eliminatoria, impuesta por el reglamento sin consulta previa, tenía por objeto mantener el suspense durante toda la hora de clasificación. En cambio, en los dos primeros Grandes Premios, la parrilla se vació casi inmediatamente, ya que los equipos almacenaron neumáticos nuevos, dejando la pista desierta durante la mayor parte de la sesión.
Esta debacle pone de relieve una característica que desde hace tiempo caracteriza a este deporte: su gestión suele ser tan poco convencional como la propia carrera. Durante tres décadas bajo la dirección de Bernie Ecclestone, la Fórmula 1 siempre ha logrado atraer a un número considerable de aficionados, incluso cuando el dominio de un solo piloto o equipo amenazaba con empañar el entusiasmo. Cada vez que parecía establecerse un monopolio, los promotores introducían cambios técnicos o reglamentarios para revitalizar el espectáculo. La revisión de las normas relativas a los neumáticos en 2005, tras el prolongado reinado de Michael Schumacher y Ferrari, es un ejemplo clásico.
Pero no todos los cambios se producen sin contratiempos. La última revisión de la clasificación ha sido muy criticada por ser innecesaria, ineficaz y, para algunos, francamente absurda. La Asociación de Pilotos de Gran Premio (GPDA) ha expresado su firme oposición, argumentando que los pilotos deben participar en el diseño del futuro de este deporte. Aunque finalmente se abandone el formato eliminatorio, la presión ejercida por la GPDA podría tener un impacto duradero. Los pilotos están presionando ahora para tener voz y voto en los futuros desarrollos, con ideas que, en su opinión, podrían mejorar realmente el espectáculo. Al fin y al cabo, ¿quién mejor que los hombres y mujeres que viven cada fin de semana de carreras para juzgar qué es lo que hace emocionante a la Fórmula 1?