Paradas obligatorias en boxes: ¿podrían hacer más emocionantes las carreras de F1?

Paradas obligatorias en boxes: ¿podrían hacer más emocionantes las carreras de F1?
Crédito: FanF1

En el Gran Premio de Catar de 2023, una norma sin precedentes obligaba a cada piloto a realizar al menos tres paradas en boxes por motivos de seguridad. Explicamos por qué la FIA impuso esta norma y cómo hizo que la carrera fuera más emocionante.

El Gran Premio de Catar resultó ser una auténtica prueba para todos los implicados, debido a tres condiciones difíciles que pusieron a prueba los neumáticos. La temperatura de la pista alcanzó los 60 °C, la superficie estaba cubierta de asfalto abrasivo cargado de arena y las vibraciones características del circuito, con forma de «pirámide», pusieron a prueba el caucho. Pirelli advirtió a la FIA y a los equipos que estos factores podían provocar fallos prematuros en los neumáticos. Mientras que un juego de neumáticos de Gran Premio suele durar entre 40 y 50 vueltas, e incluso puede aguantar toda la carrera en algunos circuitos, Doha fue un caso especial. Una primicia en la F1: limitar la vida útil de los neumáticos Siguiendo el consejo de Pirelli, la FIA limitó cada juego de neumáticos a 18 vueltas. Con una distancia de 57 vueltas, los pilotos se vieron obligados a realizar al menos tres paradas, algo inédito en la historia de la Fórmula 1. El resultado fue una avalancha de paradas en boxes: 54 en Catar, frente a una media de unas 35 en toda la temporada. Solo el Gran Premio de los Países Bajos, que registró 71 paradas debido a un cambio en las condiciones meteorológicas (de lluvia a seco), superó esta cifra. Si excluimos este valor atípico, una carrera típica cuenta con unas 33 paradas.

Espectáculo a todos los niveles El impresionante número de paradas dio lugar a un caleidoscopio de estrategias. Dependiendo de la antigüedad y la composición de los neumáticos, los tiempos por vuelta podían variar hasta seis segundos entre dos coches. Esta disparidad dio lugar a 48 adelantamientos en Catar, más que la media de la temporada (39), pero mucho menos que los 188 del Gran Premio de los Países Bajos. La limitada vida útil de los neumáticos obligaba a los equipos a cambiarlos con frecuencia, por lo que los pilotos podían rodar a fondo en cada vuelta en lugar de dosificar sus esfuerzos. La estrategia moderna en la F1 consiste generalmente en encontrar un equilibrio entre la durabilidad de los neumáticos y el rendimiento, tratando de utilizar un juego de neumáticos el mayor tiempo posible para evitar paradas costosas. En Catar, se volvió a poner el énfasis en la velocidad pura y la gestión de los neumáticos, lo que convirtió la carrera en una prueba exigente de concentración y resistencia física.

Dificultad para entender el Gran Premio Todas estas estrategias variadas hicieron que la carrera fuera difícil de seguir. Max Verstappen, que lideró la mayor parte de la prueba, era el único elemento claro; detrás de él, era difícil saber quién había hecho una parada en boxes, cuándo sería necesaria la siguiente parada y si la elección de un piloto estaba justificada. Solo al final se estabilizó la clasificación y se hizo evidente el «capital neumático» de cada coche. George Russell, que había salido en la cola del pelotón tras un incidente en la primera curva, se aupó discretamente al cuarto puesto, aprovechando un ritmo de carrera que le permitió evitar el tráfico en cabeza.

El caos se asemejaba a una carrera de IndyCar, donde las paradas en boxes y las estrategias mixtas pueden confundir a los espectadores. Al imponer paradas frecuentes y una vida útil reducida de los neumáticos, la F1 puede haber creado un ejemplo a no seguir en lugar de un modelo a seguir. Sin embargo, las constantes e intensas batallas dieron al Gran Premio de Qatar una emoción poco común y visceral. La pregunta ahora es qué ajustes podrían preservar esa emoción sin sacrificar la claridad para los aficionados.