Sergio Pérez ganó el domingo el Gran Premio de Azerbaiyán, lo que provocó el júbilo de algunos aficionados, la decepción de otros y algunos momentos de tensión.
La verdadera historia que surge de Bakú no es la aburrida carrera en sí, sino el duelo que se está gestando en la cabeza de la clasificación. Con Sergio Pérez ahora a solo seis puntos de su compañero de equipo en Red Bull, Max Verstappen, el campeonato se ha convertido de repente en una carrera entre dos, y el habitual dominio del dúo holandés parece por fin un poco incierto. Esta tensión dentro del equipo podría ser la chispa que necesita la temporada, sobre todo porque el resto del pelotón parece estar luchando por encontrar un punto de apoyo. Por su parte, Ferrari por fin ha vislumbrado un rayo de esperanza. Charles Leclerc realizó una actuación magistral, subiendo al podio y recordando a todos que la Scuderia todavía puede competir con los líderes. La lucha entre Mercedes, Ferrari y Aston Martin se perfila como el próximo campo de batalla, prometiendo el tipo de intriga en la pista que ha faltado hasta ahora.
Alpine, sin embargo, se enfrenta a una dura realidad. Ni Esteban Ocon ni Pierre Gasly lograron sumar puntos, lo que dejó al equipo francés muy lejos del top 10. La imagen de una multitud de fotógrafos invadiendo el pit lane durante la única parada de Ocon no hizo más que subrayar la mala suerte del equipo, y ya se plantean preguntas sobre el papel de la FIA en ese caótico momento.
La carrera en sí transcurrió sin incidentes: un único periodo de safety car en 51 vueltas permitió mantener una acción relativamente tranquila. Sin embargo, esta breve interrupción fue suficiente para mantener viva la historia del campeonato. A medida que avanza la temporada, los aficionados esperan que el drama finalmente alcance la velocidad.