Niki Lauda ganó su primer campeonato hace 47 años.

Niki Lauda ganó su primer campeonato hace 47 años.
Crédito: FanF1

Niki Lauda ganó su primer campeonato el 7 de septiembre de 1975, en el circuito de Monza, feudo de Ferrari. Tras haber conseguido ya cuatro victorias esa temporada, el austriaco se convirtió en el primer piloto de Ferrari en llevar el título a Maranello desde 1964.

Un año después de sus modestos comienzos, Niki Lauda llegó a Maranello con una misión clara: enderezar la situación de Ferrari. Los inicios del austriaco en la Fórmula 1 no habían sido nada fáciles, pero su talento había llamado la atención de Enzo Ferrari, y la Scuderia lo había contratado para 1974.

Durante los entrenamientos de pretemporada, Lauda remodeló el 312 T con el objetivo de convertirlo en un coche ganador. La apuesta dio sus frutos en España, donde cruzó la línea de meta en primera posición y despertó la esperanza de que el título volviera por fin al garaje italiano. Pero una combinación de errores de pilotaje y problemas de fiabilidad impidió que el campeonato estuviera a su alcance.

Sin desanimarse, Lauda abordó la temporada 1975 como gran favorito. Sin embargo, la temporada comenzó bajo el signo de la crítica. La prensa italiana criticó duramente la caja de cambios del nuevo 312 T, calificando al coche de poco competitivo. Sus dudas resultaron fundadas: el chasis se mostró nervioso y su compañero de equipo Clay Regazzoni sufrió un accidente con uno de los primeros coches del año. En respuesta, el jefe de mecánicos Mauro Forghieri volvió a los coches de 1974, que Lauda describió posteriormente como «al final de su potencial y lentos». El resultado fue un comienzo desastroso, ya que el nuevo 312 T llegó a Kyalami sin potencia en recta y solo permitió al piloto vienés terminar en quinta posición. Una serie de pruebas en Fiorano permitió revitalizar el coche, y los dos bólidos rojos consiguieron un puesto en la primera fila en Barcelona. Sin embargo, la carrera terminó en catástrofe cuando Lauda chocó con Regazzoni en la salida, lo que obligó a ambos a abandonar. A pesar de estos reveses, el fin de semana dejaba entrever una recuperación. Mónaco ofrecía a Lauda la oportunidad de acallar a sus detractores en las calles que habían lanzado su carrera en 1973. Tras una vuelta de clasificación fulgurante, en la que batió el récord anterior por varios segundos, consiguió la pole position y lideró la carrera de principio a fin, por delante del campeón reinante Emerson Fittipaldi. La dinámica continuó en España y Suecia, donde Lauda repitió su hazaña, adelantando a Carlos Reutemann por diez puntos y pasando del último puesto de la clasificación al primero.

Esta racha fue interrumpida por James Hunt, el amigo convertido en rival de Lauda, que consiguió su primera victoria en un Gran Premio en el Gran Premio de los Países Bajos, disputado bajo la lluvia, tras una reñida batalla. Lauda respondió en Nürburgring, convirtiéndose en el primer piloto en romper la barrera de los siete minutos en el legendario circuito, aunque un pinchazo le relegó al tercer puesto.

Una carrera acortada por la lluvia en Austria permitió a Lauda llegar a Italia como líder del campeonato, listo para ganar el título. Convirtió la presión en rendimiento, consiguiendo la pole position en Monza y, mientras su compañero de equipo Regazzoni se alzaba con la victoria, el tercer puesto de Lauda le aseguró el campeonato de pilotos, el primero para Ferrari desde John Surtees en 1964. Años más tarde, Lauda calificó el paquete de 1975 como «perfecto»: una combinación armoniosa entre el chasis, el motor, la caja de cambios transversal y una colaboración impecable entre los mecánicos y los ingenieros.

La temporada de Lauda no terminó ahí. En Watkins Glen, consiguió la pole position y la victoria, sellando así un año dominante que le valió el título de piloto del año otorgado por Autosport. La temporada de 1975 dejaba entrever un futuro en el que podría convertirse en el primer piloto desde Jack Brabham en conservar su título mundial, sin la amenaza inminente de un rival temible y una tragedia que cambiaría para siempre este deporte.

La temporada comenzó de forma modesta, ya que el piloto se clasificó cuarto en Argentina y finalmente terminó sexto. El patrón se repitió en Brasil y Sudáfrica, donde las salidas en cuarta posición dieron lugar a llegadas en quinta posición en ambas ocasiones. El gran avance se produjo en España, donde una pole position fue seguida de un abandono prematuro tras un accidente.

A partir de Mónaco, las proezas del piloto en la clasificación se tradujeron en un dominio el día de la carrera. Una pole position en el circuito urbano de Montecarlo le aseguró su primera victoria, y la racha continuó con otra pole position y una victoria en Bélgica. En Suecia, a pesar de salir en quinta posición, el piloto subió al escalón más alto del podio. Una pole position en los Países Bajos le valió un respetable segundo puesto, mientras que una pole position en Francia le permitió volver a alzarse con la victoria. Los resultados fueron menos brillantes en Gran Bretaña, donde un tercer puesto en la salida se tradujo en un octavo puesto en la llegada y ningún punto. El piloto volvió a conseguir la pole position en Alemania, donde terminó cuarto, y en Austria, donde una pole position le valió un sexto puesto, en una carrera en la que solo se otorgaba la mitad de los puntos habituales. Una pole position en Italia le permitió subir al tercer escalón del podio, y la campaña terminó con broche de oro con una pole position y una victoria en Estados Unidos.