Nelson Piquet se une al selecto club de los tricampeones mundiales, tras ganar su tercer y último título tras una temporada 1987 marcada por una gran regularidad.
Cuando el Gran Premio de Japón terminó con un resultado agridulce para Nelson Piquet, el brasileño ya había ganado el campeonato, no gracias a una velocidad espectacular, sino a una serie ininterrumpida de puntos que le permitieron superar incluso a su compañero de equipo Nigel Mansell, que era más rápido. La temporada de 1987 supuso el tercer título mundial de Piquet, que se sumó a sus anteriores triunfos en 1981 y 1983, y también fue su canto del cisne con la escudería Williams.
En un año dominado por la escudería británica, el FW11B demostró ser una maravilla mecánica. Diseñado por Patrick Head, Sergio Rinland y Frank Dernie, el coche combinaba un chasis ligero de 540 kg con un motor V6 turbo Honda que desarrollaba 1000 CV a 11 000 rpm. El resultado fue una máquina que ganó nueve de las quince carreras, acumuló 137 puntos (61 más que su rival más cercano) y consiguió doce pole positions y siete vueltas rápidas. Piquet y Mansell consiguieron entre ambos siete victorias, pero fue la regularidad del brasileño lo que resultó decisivo. En quince salidas, Piquet subió doce veces al podio, consiguió tres victorias y nunca bajó del cuarto puesto cuando el coche estaba en condiciones de funcionar. Solo un problema con el motor en Japón le impidió sumar puntos, pero aun así cruzó la línea de meta, a pesar de que el coche estaba averiado. Por el contrario, Mansell, que a menudo mostraba un ritmo más sostenido, sufrió cuatro abandonos, incluido un accidente que le provocó una fractura vertebral y le obligó a perderse la final de la temporada. Esta disparidad puso de manifiesto una simple verdad de la era del turbo: la fiabilidad podía prevalecer sobre la velocidad pura.
El campeonato terminó con 12 puntos de ventaja para Piquet sobre el futuro campeón de 1992, una diferencia conseguida gracias a puntos regulares más que a victorias espectaculares. Pero la temporada también sembró las semillas de una creciente fractura dentro del garaje de Williams. Las tensiones entre los dos pilotos se intensificaron a lo largo del año y, en agosto, Piquet ya había decidido marcharse.
Su nueva etapa comenzó en Lotus, donde fue contratado para sustituir a su compatriota brasileño Ayrton Senna. Esta decisión dio lugar a una primera temporada prometedora, pero la situación se deterioró rápidamente en 1989, lo que le llevó a fichar por Benetton. Allí, su debut inicialmente respetable se vio empañado por un coche que luchaba por mantener el ritmo y, tras un último año mediocre, Piquet se retiró de la Fórmula 1 en 1991, a la edad de 39 años.
El legado de Piquet perduró más allá de su propia carrera. En 2008, su hijo, Nelson Piquet Jr., intentó seguir los pasos de su padre en Renault, con 28 salidas en Grandes Premios, pero sin subir nunca al podio. Los tres títulos ganados por Piquet padre siguen siendo testimonio de una época en la que la excelencia técnica, la coherencia estratégica y la rivalidad ocasional dentro de un mismo equipo podían coronar a un campeón.