Mientras Mercedes y Red Bull se disputan el título mundial, la acción se desarrolla en realidad detrás de ellos, con McLaren y Ferrari luchando ferozmente por el tercer puesto del campeonato.
McLaren-Ferrari, Ferrari-McLaren… Sea cual sea la forma en que se combinen estos nombres, evocan instantáneamente el sueño de todos los aficionados al automovilismo. Ahora que la temporada 2021 llega a su fin, es emocionante ver a estos dos titanes competir por el tercer puesto del campeonato.
Desde el inicio de la temporada en Baréin el pasado mes de marzo, ambos equipos han acumulado nueve podios (cinco para McLaren y cuatro para Ferrari), tres poles (una para la escudería naranja y dos para la escudería roja) y una única victoria en Monza para la escudería de Woking. La diferencia en la clasificación es mínima (3,5 puntos), lo que pone de relieve lo reñida que está la batalla a solo cinco carreras del final. Más allá de este año, el resurgimiento del duelo entre McLaren y Ferrari parece marcar el regreso con fuerza de una rivalidad que se remonta a más de medio siglo. Una rivalidad que se extiende a lo largo de varias décadas Ferrari es la única escudería que ha disputado todas las temporadas de Fórmula 1 desde el primer campeonato en 1950. A lo largo de las décadas, se ha enfrentado a numerosos rivales, pero el primer competidor serio apareció en el Gran Premio de Mónaco de 1966: un joven equipo McLaren. Tras un prometedor debut, McLaren aceleró a principios de la década de 1970 y los dos constructores comenzaron a disputarse el título mundial. El campeonato se decidió entre sus pilotos en tres ocasiones durante esa década: Emerson Fittipaldi (McLaren) contra Clay Regazzoni (Ferrari) en 1974, Niki Lauda (Ferrari) contra Fittipaldi en 1975 y el emblemático James Hunt (McLaren) contra Lauda en 1976, una rivalidad inmortalizada en la película Rush.
En la década de 1980, el dominio de Ferrari se desvaneció, con la excepción de la temporada 1985, en la que Michele Alboreto terminó segundo detrás de Alain Prost (McLaren). Cinco años más tarde, la rivalidad alcanzó su punto álgido en Suzuka, donde Ayrton Senna (McLaren) y Alain Prost (Ferrari) chocaron en la primera curva, lo que envió a ambos coches a la grava y le dio a Senna su segundo título mundial.
Pasó una década antes de que ambos pilotos volvieran a disputarse el campeonato. En 1998, el MP4-13 de McLaren, equipado con un motor Mercedes V10, resultó ser formidable; Mika Häkkinen ganó ocho de las 16 carreras, superando las seis victorias de Michael Schumacher (Ferrari) y consiguiendo su primer título. Repitió la hazaña en 1999, esta vez contra Eddie Irvine, de Ferrari, tras el accidente de Schumacher en Silverstone que puso fin a su temporada. A principios de la década de 2000, la rivalidad persistió, con el legendario adelantamiento de Häkkinen a Schumacher en Eau Rouge, en Spa, en 2000, aunque Schumacher se recuperó para ganar las cuatro últimas carreras. En 2001, Schumacher terminó con 58 puntos de ventaja sobre David Coulthard, de McLaren. La década de 2000 dio lugar a otros tres duelos memorables. En 2003, el joven Kimi Räikkönen llevó a Schumacher al límite, quedando a solo dos puntos. El traspaso de Räikkönen a Ferrari en 2007 dio sus frutos, ya que aprovechó los problemas internos de McLaren para convertirse en el tercer campeón del mundo finlandés. Sin embargo, esa temporada, el equipo de Woking se vio marcado por los egos de los pilotos, Lewis Hamilton y Fernando Alonso, y las repercusiones del escándalo de espionaje en Ferrari. Luego llegó la dramática y lluviosa final de 2008 en Interlagos, donde el título se decidió en la última curva de la última vuelta; Hamilton ganó su primer campeonato, mientras que Felipe Massa, de Ferrari, terminó segundo. El futuro parece (muy) prometedor. Ha hecho falta más de una década para que los dos gigantes vuelvan a estar rueda a rueda, y las señales son alentadoras. Bajo la dirección de Zak Brown, McLaren ha ido remontando posiciones gracias a revisiones estratégicas en materia de aerodinámica, motores y personal. El regreso de los motores Mercedes ha dado sus frutos: Lando Norris se está consolidando como una futura estrella, Daniel Ricciardo logró una victoria en Monza en septiembre y el equipo figura regularmente entre los cinco primeros y en el podio desde hace dos temporadas consecutivas. El discreto murmullo del garaje de Maranello cuenta una historia de renacimiento. Tras las turbulencias de 2020, Ferrari ha encontrado un ritmo que parece casi deliberado, como si el equipo hubiera encontrado por fin el equilibrio que le faltaba. En el centro de esta nueva calma se encuentra la complicidad entre sus dos pilotos: Charles Leclerc y Carlos Sainz. El español, que se ha adaptado al ambiente típicamente italiano con una rapidez sorprendente, se ha convertido en el catalizador que empuja a su compañero monegasco a superar sus límites en cada vuelta. Entre bastidores, las mejoras introducidas a mitad de temporada están dando sus frutos. El rendimiento del coche ha mejorado, lo que ha permitido a Ferrari avanzar como una bala de cañón y reducir la distancia con sus rivales a medida que el calendario llega a su fin. Pero el verdadero cambio estratégico ya está en marcha: el equipo ha reorientado una parte sustancial de su presupuesto y su talento ingenieril hacia la campaña de 2022, un año que promete estar repleto de innovaciones técnicas.
Todo apunta a que nos encontramos en un momento decisivo. Con una pareja de pilotos en armonía, mejoras eficaces a mitad de temporada y una audaz inversión en la tecnología del próximo año, la Scuderia parece lista para escribir el próximo capítulo de su legendaria rivalidad.