El fin de semana pasado se añadió un nuevo capítulo a la maldición que parece perseguir a Lewis Hamilton en Mónaco. Aparte de su triunfo en 2008, el bicampeón británico solo ha conocido decepciones en las calles del Principado.
Mónaco se ha convertido en el circuito que más a menudo obliga a Lewis Hamilton a enfrentarse a los límites de su talento, su máquina y sus rivales. En nueve participaciones, el británico solo ha conseguido una victoria, ha encadenado fines de semana sin podio y ha vivido algunos momentos que aún le hacen sufrir.
Su debut en 2007 dejaba entrever lo que podría haber logrado. Con 22 años, el novato de McLaren-Mercedes, asociado a Fernando Alonso, se había clasificado bien y lideraba la carrera antes de que una orden del equipo lo relegara al segundo puesto, detrás de su compañero español. Este resultado no satisfizo a nadie, y la frustración de Hamilton era palpable en las calles del Principado esa noche. Al año siguiente, Hamilton logró su única victoria en Mónaco. Con el título de campeón de 2008 en su haber, dominó la carrera de principio a fin a pesar de las condiciones meteorológicas cambiantes, incluso después de rozar una barrera, y levantó el trofeo que en su día había coronado a su ídolo Ayrton Senna. Pero la suerte cambió en 2009. Recién coronado campeón del mundo por primera vez, Hamilton chocó contra una barrera durante la clasificación, lo que le valió un cambio de caja de cambios y una penalización en la parrilla de salida, lo que le obligó a salir desde la cola del pelotón. Solo pudo terminar en duodécima posición, lo que contrastaba enormemente con las expectativas que se habían creado en torno a él. De 2010 a 2012, mientras Sebastian Vettel y Red Bull dominaban el deporte, el McLaren de Hamilton luchaba por proporcionar el ritmo y la estrategia necesarios para salir en primera línea o subir al podio. Este periodo no dio lugar a ninguna pole position ni victoria en Mónaco, lo que puso de manifiesto la diferencia entre sus capacidades y el material que pilotaba.
Su fichaje por Mercedes en 2013 debía permitirle reescribir la historia, pero una decisión errónea sobre el coche de seguridad al comienzo de la carrera permitió a su compañero de equipo Nico Rosberg hacerse con la victoria, dejando a Hamilton fuera de juego. La temporada siguiente, la rivalidad se intensificó: Rosberg consiguió la pole position después de que una bandera amarilla interrumpiera la remontada de Hamilton al final de la sesión, pero Hamilton convirtió esa pole en victoria. Sin embargo, este triunfo fue efímero: una parada en boxes bajo el coche de seguridad, a pesar de su cómoda ventaja, le costó la victoria y tuvo que conformarse con el tercer puesto, mientras que Rosberg subió al escalón más alto del podio.
Cada fin de semana en Mónaco ha añadido una capa más a la compleja relación de Hamilton con el circuito urbano: una mezcla de errores estratégicos, dramas alimentados por la rivalidad y momentos ocasionales de genialidad. Ni siquiera el gran Jim Clark logró ganar en Mónaco, pero Hamilton al menos puede presumir de la única victoria que se les escapó a muchos de sus contemporáneos. La pregunta ahora es si su próxima visita inclinará finalmente la balanza a su favor.