Lewis Hamilton está a punto de convertirse en el rey inglés de la Fórmula 1.

Lewis Hamilton está a punto de convertirse en el rey inglés de la Fórmula 1.
Crédito: FanF1

Lewis Hamilton ha ganado dos veces el campeonato mundial de Fórmula 1, una hazaña que solo otro piloto británico, Graham Hill, había logrado anteriormente.

Cuando Lewis Hamilton ganó su segundo título mundial, no solo se unió a Graham Hill en el club de los bicampeones británicos, sino que también puso un espectacular punto final a una saga de victorias británicas que duraba ya medio siglo. La historia comenzó en 1958, cuando Mike Hawthorn se convirtió en el primer piloto inglés en ganar el título, antes de perder la vida en un banal accidente de tráfico un año después. Su breve reinado allanó el camino para Graham Hill, cuyo estilo elegante y discreto le valió los campeonatos de 1962 y 1968 y estableció un referente para las generaciones siguientes. Este referente resultó inspirador para su hijo, Damon Hill, que innovó en 1996 al ganar el título con Williams, convirtiéndose así en el primer hijo de un antiguo campeón en repetir esta hazaña. Entre los dos Hill, los años 70 vieron la aparición del carismático James Hunt, cuyo encarnizado duelo con Niki Lauda culminó con el campeonato de 1976, que sigue inspirando adaptaciones cinematográficas, mientras que la década de 1990 vio a Nigel Mansell ganar finalmente la corona en 1992 tras años de cuasi fracasos, también al volante de un Williams. Jenson Button añadió su nombre a la lista en 2009, reforzando la idea de que los pilotos británicos aún podían alcanzar la cima.

El ascenso de Hamilton comenzó realmente en 2014, cuando convirtió un coche dominante en una plataforma de desarrollo personal. Conocido por su enfoque agresivo, perfeccionó su técnica para dominar los dos retos de la Fórmula 1 moderna: la conservación de los neumáticos y la eficiencia energética. A lo largo de la temporada, se situó entre los pilotos más preocupados por el consumo de combustible, aprendiendo a moderar sus ataques instintivos para alcanzar los objetivos precisos fijados por sus ingenieros. Fuera de los circuitos, el temperamento del inglés evolucionó de forma tan espectacular como sus tiempos por vuelta. El Gran Premio de Mónaco en mayo marcó un punto de inflexión: un altercado con su rival Nico Rosberg durante la clasificación provocó las críticas de su equipo y de los medios de comunicación. En lugar de dejarse desestabilizar por este incidente, Hamilton aprendió una clara lección y adoptó una mentalidad más tranquila y calculadora que resultó decisiva en la lucha por el título. La provocación psicológica de Rosberg, destinada a desestabilizarlo, puede que le haya dado involuntariamente a Hamilton la ventaja que necesitaba. A sus 29 años, Hamilton ya cuenta con 33 victorias en Grandes Premios, 38 pole positions y 20 vueltas rápidas, cifras que lo sitúan en lo más alto del palmarés de este deporte. Al repetir su triunfo de 2008 en 2014, no solo consolidó su lugar junto a Graham Hill, sino que también demostró que el capítulo británico de la Fórmula 1 está lejos de haber terminado. La rivalidad con Rosberg, la autoevaluación incesante y el perfeccionamiento continuo de su arte sugieren que aún quedan capítulos por escribir en este duradero legado británico.