La final con doble puntuación en Abu Dabi ha aupado a Nico Rosberg al primer puesto de la clasificación, mientras que su único rival, Lewis Hamilton, se ve ahora sometido a una intensa presión que podría hacerle perder el campeonato por solo unos pocos puntos.
La campaña de Mercedes en 2014 se convirtió en un ejemplo perfecto de dominio moderno, un acontecimiento poco común que solo se produce una vez cada diez años. Las Flechas de Plata, bajo la dirección de Toto Wolff y el difunto Niki Lauda, proporcionaron a sus dos pilotos, Lewis Hamilton y Nico Rosberg, un coche que superaba a todos sus rivales en la parrilla de salida, una hazaña que no se había visto desde McLaren en los años 80, Williams en los 90 y Ferrari en los 2000. El resultado: una temporada en la que la lucha por el campeonato se redujo a un duelo entre compañeros de equipo, mientras que el resto del pelotón luchaba por seguir el ritmo. Al principio, los dos coches tuvieron algunos problemas de fiabilidad, pero una vez resueltos, el dúo de Mercedes comenzó a encadenar victorias, logrando once dobletes, un nuevo récord que eclipsa el anterior de McLaren. Gracias a este ritmo frenético, Hamilton cuenta con 17 puntos de ventaja sobre Rosberg a las puertas de la última prueba del calendario en Abu Dabi. Con 334 puntos frente a los 317 de Rosberg, el piloto británico solo necesita terminar por delante de su rival alemán para ganar el título; un segundo puesto le permitiría hacerse con el campeonato, independientemente del ganador de la carrera. Rosberg, por su parte, tiene que ganar sí o sí: solo una victoria combinada con un tercer puesto o menos de Hamilton le permitiría ganar el título. Las permutaciones son claras. Si Hamilton gana, el título es suyo. Si gana Rosberg, Hamilton debe quedar segundo; un tercer puesto del británico daría el campeonato al alemán con tres puntos de ventaja. Cualquier problema técnico o error estratégico podría inclinar la balanza, pero las posibilidades están claramente a favor de Hamilton, teniendo en cuenta la diferencia de puntos y la superioridad general de Mercedes. Más allá de las cifras, la presión que soportan ambos pilotos es palpable. Rosberg debe realizar una actuación impecable bajo el peso de una carrera única por el título, mientras que Hamilton puede permitirse un enfoque más mesurado, sabiendo que probablemente le bastará con un buen puesto. El Gran Premio de Abu Dabi no solo decidirá quién será el campeón del mundo de 2014, sino que también consolidará el lugar de Mercedes entre las épocas más dominantes de este deporte. Sea quien sea el ganador, la temporada ha sido una auténtica lección de dominio técnico y rivalidad dentro del equipo, lo que promete una final que será recordada por lo mucho que hay en juego y su contexto histórico.