Desde octubre de 2014, la Fórmula 1 está traumatizada y, aunque es comprensible, este deporte debe evitar caer en la histeria y los aficionados no deben dramatizar cada incidente. El accidente de Fernando Alonso en Barcelona esta semana es un ejemplo perfecto de ello.
Es fundamental mantener la cabeza fría, y esta máxima se aplica perfectamente a la situación actual de la Fórmula 1. El terrible accidente de Jules Bianchi en el Gran Premio de Japón de 2014 recordó a todo el mundo que este deporte sigue siendo peligroso, y las secuelas de esta tragedia relativamente reciente aún se dejan sentir.
En respuesta al accidente de Bianchi, se han añadido una serie de medidas de seguridad a un sistema que ya era bastante sólido. El impacto causado por el accidente del francés ha servido, al menos, para disipar cierta complacencia respecto a los riesgos asociados a este deporte. No obstante, es fundamental no reaccionar de forma exagerada ni ceder al pánico, especialmente entre el público en general. El reciente incidente protagonizado por Fernando Alonso y su McLaren durante los entrenamientos de invierno en Barcelona ilustra bien el estado de ánimo que reina hoy en día en la F1. A primera vista, el accidente de Alonso parecía trivial y no habría suscitado preocupación si no hubiera sido por algunos detalles inquietantes. El bicampeón del mundo no pudo salir solo del coche y tuvo que ser trasladado en un coche médico y luego en helicóptero a un centro médico cercano. Tras un breve silencio, McLaren anunció rápidamente que su piloto estaba consciente, ileso y capaz de hablar con los médicos. En ese momento, no había motivos serios para preocuparse. Sin embargo, la angustia persistente de octubre de 2014 resurgió, provocando toda una serie de reacciones por parte de personalidades de la F1, algunas más mesuradas que otras. Sebastian Vettel, que seguía al McLaren en la curva n.º 4 de Barcelona, calificó el accidente de «extraño». Efectivamente, fue extraño, ya que el MP4-30 chocó contra el muro interior, algo poco habitual en esas condiciones. Las fotos tomadas en el lugar del accidente mostraban que el McLaren había sufrido daños mínimos y captaban la cabeza de Alonso inclinada hacia delante antes del impacto. Algunos interpretaron esto como una señal de que el español podría sentirse mal, en lugar de considerar que tal vez estaba ajustando el volante. Las imágenes de las sábanas blancas que cubrían el lugar del accidente circularon por sitios web, redes sociales y televisión, añadiendo dramatismo a un momento que, en realidad, no fue tan dramático.
Al final, Alonso salió relativamente ileso, quizás un poco sacudido por este accidente a gran velocidad, y se difundieron fotos tranquilizadoras de él en los medios de comunicación. Sin embargo, a algunos les sorprenderá saber que el español pasará varios días en observación en el hospital. La Fórmula 1 aún no se ha recuperado del todo de su persistente histeria.