Ferrari se perdió la carrera inaugural en Italia, un evento emblemático para la Scuderia.
Ferrari simplemente no puede permitirse cometer un error en su propio terreno, y esta temporada eso ha ocurrido en dos ocasiones. El primer tropiezo tuvo lugar en Imola, donde la Scuderia fracasó a pesar del excepcional estado de forma de Charles Leclerc y su primer puesto en la clasificación de pilotos, así como de la renovada motivación de Carlos Sainz tras su abandono en Australia y la firma de un nuevo contrato. El ambiente era electrizante en el circuito Enzo e Dino Ferrari, con decenas de miles de tifosi apiñados en las gradas. Pero el fin de semana se torció para los italianos cuando Sainz chocó contra el muro durante la clasificación y, al día siguiente, Leclerc cedió la pole position, que parecía asegurada, a Max Verstappen.
Los dos coches rojos tuvieron un comienzo desastroso. Un Ferrari se vio obligado a abandonar tras solo 500 metros, víctima de un piloto español que acabó en la grava, una situación agravada por la implicación de Daniel Ricciardo. Leclerc, en quien el público había depositado todas sus esperanzas, empujó el coche con demasiada fuerza y acabó besando el muro de neumáticos, terminando solo sexto antes de que el segundo Ferrari también abandonara. Lo que podría haber sido un doblete para el cavallino rampante se convirtió en una clásica decepción italiana.