Tras un fin de semana en Mónaco en el que la estrategia de Red Bull dejó a Ferrari en estado de shock, los Rojos sufrieron un nuevo revés en Azerbaiyán. Esta vez, la culpa fue de los recurrentes problemas de fiabilidad.
El verdadero drama que se está desarrollando en el paddock no solo tiene que ver con quién es el más rápido en una sola vuelta, sino también con un coche que se parece más a una montaña rusa que a una máquina de carreras, y las consecuencias que esto tiene para sus pilotos y sus esperanzas de ganar el campeonato. Desde el inicio de la temporada en Baréin, la Scuderia roja se ve acosada por un problema que resurge del pasado del efecto suelo en este deporte: el porpoising. Las violentas oscilaciones verticales que afectaron inicialmente a los coches de 2022 se han convertido en una pesadilla diaria para Lewis Hamilton, que ha advertido de que estos rebotes incesantes pueden causar estragos en la espalda de los pilotos, y Pierre Gasly, que ha señalado los riesgos para la salud a largo plazo a pesar de la excepcional condición física de los atletas. George Russell incluso sugirió que este fenómeno podría provocar accidentes, preguntándose cómo es posible conducir un coche que se sacude constantemente de arriba abajo a más de 300 km/h.
Las dificultades que ha tenido Ferrari con este problema reflejan su temporada, en general decepcionante. El chasis de Maranello todavía puede alcanzar velocidades vertiginosas —Charles Leclerc ha conseguido seis pole positions en ocho Grandes Premios, cuatro de ellas consecutivas—, pero la fragilidad del coche ha convertido esos destellos de genialidad en momentos efímeros. Tras un prometedor comienzo en Baréin, que hizo soñar a los tifosi con un doble título, la suerte le dio la espalda al equipo en Azerbaiyán. Una derrota por 44 puntos frente a Red Bull relegó a Ferrari al segundo puesto de la clasificación de constructores, pero la diferencia de 80 puntos hace que incluso el podio sea incierto.
En el campeonato de pilotos, la ventaja inicial de Leclerc se ha evaporado. Llegó a Miami con 19 puntos de ventaja sobre Max Verstappen y 38 sobre Sergio Pérez, pero tras tres carreras solo ha sumado 14 puntos, cayendo al tercer puesto, a 34 puntos de Verstappen y a 13 de Pérez. Su compañero de equipo, Carlos Sainz, se encuentra en un mediocre quinto puesto, por detrás de George Russell —cuyo coche de 2022 se ha considerado defectuoso—, a pesar de la reputación de regularidad del italiano. Cuatro de las ocho carreras disputadas hasta ahora se han visto empañadas por los errores de Ferrari: errores de los pilotos, estrategias demasiado optimistas y, lo que es más grave, una serie de fallos técnicos. Esta tendencia sugiere que incluso el segundo puesto actual es frágil. El dilema del porpoising no es nuevo. En 1982, Patrick Tambay se vio obligado a abandonar el Gran Premio de Suiza tras sufrir una hernia discal causada por los mismos rebotes violentos de su Ferrari. Hoy en día, el problema resurge con la aerodinámica moderna, amplificado por el aplazamiento de la aplicación del reglamento técnico de 2022, un retraso atribuido en gran medida a la pandemia, que ha dado a los equipos un año más para perfeccionar los diseños de efecto suelo, pero también ha prolongado el periodo durante el cual el problema ha podido agravarse.
A medida que avanza la temporada, la pregunta que se plantea en este deporte no es solo qué equipo cruzará primero la línea de meta, sino también cuál sobrevivirá a estos incesantes impactos verticales sin comprometer la seguridad de los pilotos. Para Ferrari, la respuesta podría determinar si su espectacular ritmo en las clasificaciones se traducirá algún día en victorias en carrera, o si el caballo rampante seguirá tropezando bajo el peso de sus propias ambiciones técnicas.