Ken Tyrrell, el genio del automovilismo

Ken Tyrrell, el genio del automovilismo
Crédito: FanF1

Ken Tyrrell era un hombre polifacético: antiguo piloto, fundó y dirigió la escudería que lleva su nombre, dejando una huella indeleble en la historia de la Fórmula 1. El piloto británico falleció hace 22 años.

Era una personalidad respetada, pero que también inspiraba temor. Nadie podía permitirse hacerle perder el tiempo, y su pasatiempo favorito eran las carreras de coches. Por encima de todo, quería que su equipo y sus coches fueran los mejores, al igual que todos los demás participantes. «Por teléfono, Tyrrell era directo, a menudo brusco, incluso grosero. Cuando se llamaba a Ken, había que saber exactamente lo que se quería decir e ir directo al grano. Si era necesario, ponía fin a la conversación con el mínimo de cortesía», recuerda su biógrafo Maurice Hamilton. Con Jackie Stewart, Tyrrell no tenía paciencia con los retrasos y exigía que sus coches rindieran al máximo nivel a toda costa. Después de dirigir un equipo de Fórmula Junior y Fórmula 2, el exmilitar de la Royal Air Force pasó a la Fórmula 1 como director de Matra International en 1968. Fichó al brillante escocés Jackie Stewart, cuyo talento ya estaba más que demostrado. Esta asociación resultó fructífera: el equipo terminó tercero en el campeonato, por delante de Matra Sports, la empresa matriz. «Nuestra ventaja con respecto a los antiguos equipos es que somos una organización pequeña, por lo que no tenemos vínculos con grandes empresas que imponen sus ideas. Nuestro objetivo es ganar carreras de automóviles», declaró Ken Tyrrell al comienzo de la temporada de 1969.

Coches de fabricación propia Esa temporada, el joven escocés, apodado «el Leñador», ganó su primer título mundial, un triunfo al que le seguirían otros. Pero Tyrrell, antiguo piloto él mismo, era adicto a los retos. Para marcar el comienzo de la nueva década, inscribió sus propios coches, basados en el chasis March, pero el trío formado por Stewart, François Cevert y Patrick Servoz-Gavin no consiguió sumar ningún punto en 1970. Al año siguiente, la historia fue muy diferente: Stewart sucedió a Jochen Rindt como campeón del mundo, Cevert consiguió su primera victoria y Tyrrell se alzó con el título de constructores.

La muerte golpea Stewart repitió su éxito dos años más tarde, pero una tragedia golpeó al equipo. Lo que debería haber sido el Gran Premio número 100 de Stewart y una celebración para Tyrrell se convirtió en una catástrofe en Watkins Glen en 1973, cuando François Cevert perdió la vida durante la clasificación. En la última carrera de la temporada, que también fue la última aparición de Stewart, ningún Tyrrell azul tomó la salida. El piloto designado para suceder a Stewart fue sustituido en 1974 por otro francés, Patrick Depailler, que, junto a Jody Scheckter, pilotó uno de los coches más emblemáticos de la historia de la F1: el Tyrrell P34.

Seis ruedas El P34 estaba equipado con seis ruedas, cuatro delante, un concepto destinado a «ofrecer más adherencia en la parte delantera», según Depailler. «Derek Gardner había insistido en esta idea durante tres años. Yo me resistí, pero él ganó», explicó más tarde el jefe del equipo. Este radical coche costó 35 millones de francos suizos y, en su primera temporada en 1976, Scheckter ganó el Gran Premio de Suecia con él. A finales de ese año, el P34 era el tercer mejor monoplaza de la parrilla, por detrás de los dominantes Ferrari y McLaren. La experiencia fue efímera: el coche se abandonó la temporada siguiente y Tyrrell volvió a un diseño convencional de cuatro ruedas.

A partir de entonces, el equipo se mantuvo en la mitad de la clasificación. Tras una última victoria en 1983, el «leñador» se vio envuelto en una polémica cuando, en 1984, sus coches fueron considerados demasiado ligeros y descalificados del campeonato. Un regreso breve y discreto
El antiguo soldado, al que Enzo Ferrari calificó en su día de «mecánico», reapareció brevemente gracias al famoso duelo entre Jean Alesi y Ayrton Senna en Phoenix en 1990, pero nada concretó. Las dificultades financieras obligaron pronto a Tyrrell a vender; la escudería británica pasó a manos de BAR, lo que supuso el fin de la implicación directa de Ken en las carreras de automóviles. Tras su retirada forzosa, solo hizo algunas apariciones ocasionales. Su última aparición pública tuvo lugar en 2001, cuando sorprendió al paddock al tomarse el tiempo de charlar con las personas que lo rodeaban, algo poco habitual en un hombre que parecía no tener nunca un minuto que perder. Anunció que entraba en la última fase de su vida y falleció el 25 de agosto de ese mismo año.