El accidente de Jules Bianchi ha ensombrecido con horror la Fórmula 1 y el automovilismo. Aunque este deporte es intrínsecamente arriesgado y la seguridad absoluta es imposible de alcanzar, antes de extraer lecciones de esta tragedia, debemos rezar por la rápida y completa recuperación del piloto francés.
Jules Bianchi se enfrenta a la lucha más difícil de su vida. El piloto francés cuenta con el apoyo incondicional de todo el paddock, del público y de muchos otros. Hace años que no se veía un accidente de tal magnitud en la Fórmula 1; los casos más similares son el accidente de Robert Kubica en Canadá en 2007 y el de Felipe Massa en Hungría en 2009. Estos incidentes nos recuerdan que la F1 sigue siendo un deporte peligroso. A pesar de los enormes avances en materia de seguridad logrados en las últimas dos décadas, no hay lugar para dormirse en los laureles. Es inquietante recordar las circunstancias del accidente de Bianchi. Las famosas grúas móviles y otros vehículos de rescate han sido criticados durante mucho tiempo por su lentitud a la hora de intervenir, mientras que los monoplazas circulan a toda velocidad. Hemos estado al borde de la catástrofe en varias ocasiones y, esta vez, no podemos quedarnos de brazos cruzados. La suerte ha jugado un papel importante en este accidente y podríamos analizar en detalle todo lo que no ha funcionado. Sin embargo, por ahora, nuestra prioridad es que Bianchi se recupere y que este episodio se olvide rápidamente para él, mientras que las autoridades competentes deben extraer las lecciones oportunas. La lucha por la seguridad en los circuitos nunca termina. Debemos seguir centrados en la evolución de Bianchi y esperar el mejor desenlace posible. La notable recuperación de Michael Schumacher, que hemos seguido a lo largo del año, nos llena de optimismo. Recemos para que esta tragedia pronto se convierta en un doloroso recuerdo.