Es uno de los circuitos más difíciles y exigentes del calendario, y pocos pilotos han logrado más de tres victorias en él. Jim Clark consiguió cuatro victorias consecutivas, dejando muy atrás a sus rivales.
Cuando el cielo se abrió sobre las Ardenas en junio de 1963, el Gran Premio de Bélgica se convirtió en una prueba de nervios más que en una simple carrera de velocidad. Jim Clark, que ya había ganado en Spa el año anterior, consiguió la pole position bajo el diluvio y luego desapareció de la vista de sus rivales, para reaparecer vuelta tras vuelta, adelantando a todos los demás pilotos mientras la lluvia azotaba el circuito de 14 kilómetros. Terminó la carrera en 2 horas y 27 minutos, cinco minutos por delante de Bruce McLaren, y todo ello mientras luchaba con una mano contra una palanca de cambios rota, sujetándola como si fuera un salvavidas. El dominio de Clark en Spa no fue flor de un día. En 1962, salió en cuarta posición y, en la octava vuelta, se puso en cabeza, sin mirar atrás, para terminar finalmente con 44 segundos de ventaja sobre Graham Hill. Al año siguiente, a pesar de una desventaja mecánica, convirtió la tormenta en una demostración de su talento, una actuación que el periodista David Tremayne describió más tarde como «la quintaesencia de lo que, en mi opinión, hacía de Clark el mejor de los mejores».
La edición de 1964 demostró que la suerte podía ser tan caprichosa como el tiempo. Dan Gurney consiguió la pole position, mientras que Clark se clasificó tercero en la parrilla de salida. Pasó la carrera alternando entre el segundo y el cuarto puesto, para finalmente terminar cuarto en la última vuelta, detrás de Hill, Gurney y McLaren. Las largas rectas de Spa llevaron los motores al límite; el motor de Gurney se averió justo cuando se disponía a tomar el segundo puesto, y la bomba de gasolina de Hill falló unos instantes después. McLaren, ahora en cabeza, parecía destinado a la victoria hasta que su batería se averió en la última curva, lo que le dio la victoria a Clark con una mínima ventaja de tres segundos.
Un año más tarde, Clark volvió a la cabeza de la parrilla, de nuevo en la pole position, y esta vez la carrera transcurrió sin incidentes mecánicos. Ni el novato Jackie Stewart ni el veterano McLaren pudieron competir con el Lotus, y Clark cruzó la línea de meta con 44 segundos de ventaja sobre su compatriota escocés, es decir, una vuelta completa por delante del neozelandés. Este triunfo confirmó una notable racha de cuatro victorias consecutivas en el Gran Premio de Bélgica, una hazaña que ningún piloto había logrado antes.
Sin embargo, esta racha llegó a su fin en las temporadas siguientes. En 1966, una avería en el motor obligó a Clark a abandonar en la primera vuelta y, en 1967, a pesar de conseguir otra pole position, se vino abajo durante la carrera y terminó con dificultad en sexta posición. No obstante, sus cuatro victorias en Spa siguieron siendo una referencia: sigue siendo el único piloto que ha ganado cuatro veces consecutivas el Gran Premio de Bélgica. Aunque leyendas posteriores superaron su récord (Ayrton Senna con cinco victorias y Michael Schumacher con seis), la racha ininterrumpida de Clark se sitúa al mismo nivel que las hazañas de Lewis Hamilton y Kimi Räikkönen, que han igualado su récord de cuatro victorias, y parece ser un objetivo para el actual campeón, Max Verstappen, que ya cuenta con dos victorias y podría bien repetir esta hazaña.