El pasado fin de semana, el Hungaroring ofreció todo lo que hace emocionante a la Fórmula 1: una victoria sorpresa para Sebastian Vettel y Ferrari, numerosas colisiones y accidentes menores, y muchas emociones.
El Gran Premio de Hungría se celebró bajo el signo del recuerdo, solo una semana después de que Jules Bianchi sucumbiera a las lesiones sufridas en el Gran Premio de Japón de 2014. Antes de que se apagaran los semáforos, los pilotos se reunieron alrededor del casco de Bianchi y de los suyos, rindiéndole un homenaje silencioso que se prolongó incluso después de que se bajasen las viseras y comenzase la carrera. Desde la primera curva, quedó claro que sería un día lleno de sorpresas. Lewis Hamilton, normalmente rápido en la salida, fue superado por los dos Ferrari, una salida que recordó al dúo Williams en el Gran Premio de Gran Bretaña. Hamilton afirmó posteriormente que su salida no había sido tan mala, pero Mercedes tendrá que revisar su procedimiento de salida, sobre todo tras el breve resurgimiento de la tensión dentro del equipo con Nico Rosberg, que estalló en la curva 1. Ferrari parecía estar en camino de lograr un doblete, pero un misterioso problema —el «gato negro» en el coche de Kimi Raikkonen— acabó con las esperanzas del finlandés de subir al podio. Más atrás, los habituales agitadores del pelotón medio, entre ellos Sergio Pérez y Pastor Maldonado, comenzaron su batalla, intercambiando contactos que dejaron trozos de metal esparcidos por la pista. Nico Hulkenberg, quizás deseoso de recordar al paddock su triunfo en Le Mans, perdió el alerón delantero y chocó contra el muro de neumáticos al final de la recta. El coche de seguridad virtual resultó ineficaz y se desplegó un coche de seguridad físico, lo que acabó con la cómoda ventaja de Sebastian Vettel.
Las últimas vueltas dieron lugar a una cascada de incidentes. Valtteri Bottas, Daniel Ricciardo y, por último, Nico Rosberg fueron víctimas de colisiones o pinchazos, mientras que un puñado de pilotos inesperados se auparon al top 10. En los puntos, dos McLaren se mantuvieron firmes, Max Verstappen terminó justo fuera del podio y el podio lo coparon los dos coches de Red Bull, uno de ellos pilotado por Daniil Kvyat, que logró su mejor resultado en la Fórmula 1 y el mejor resultado jamás obtenido por un piloto ruso.
Es difícil imaginar que Bianchi no disfrutara del espectáculo. Probablemente habría terminado en los puntos, y la carrera rindió un merecido homenaje a su memoria.