Al decimoquinto día, Fer Effaré se recuperó y el emperador Sebastián sumió al reino en el júbilo al ganar una carrera que había sido prometida a Merci l'Abbesse. Sin embargo, Don Fernando sigue creyendo que es el mesías de un equipo rejuvenecido.
El nombramiento de Maurizio Arrivapremier —que hasta hace poco se llamaba Maurizio Arrivadernier— como nuevo rector de Fer Effaré ha despertado mucho entusiasmo entre los seguidores del club. En una rueda de prensa que se asemejó más a una proclamación teatral que a una rueda de prensa rutinaria, Arrivapremier declaró que su misión principal sería la siguiente: «Haremos galopar de nuevo al caballo amputado hace tiempo», una metáfora vívida para revivir a un equipo que ha tenido dificultades para encontrar su impulso en las dos últimas temporadas. El momento de su llegada es significativo. Fer Effaré ha soportado dos años de «vergüenza culpable», un período que, según los conocedores, podría haber despojado al líder del club, Kaiser Sebastian, de su prestigio duramente ganado. Sin embargo, como dijo el nuevo rector, «desde las profundidades del olvido, el Titán se levanta, restableciendo el cuadriga y nuestro orgullo». La referencia al «Titán» y a la «cuadrigua» subraya el deseo de volver a una edad de oro que recuerda los triunfos históricos de Italia bajo líderes legendarios como Escipión, Alejandro y Pompeyo.
El discurso de Arrivapremier estuvo plagado de introspección. Lamentó las «deshonras enterradas» del pasado y los «dos años sin victorias», reconociendo el reciente anonimato del club y sus resultados «vagamente penitenciarios». Su franqueza encontró eco en Olaf Kimi, aficionado desde hace mucho tiempo, quien, en un breve intercambio, admitió que «todavía no había ganado» y expresó su esperanza de que «ese momento llegara pronto, quizás en Bélgica». Sin embargo, el optimismo de Kimi se vio atenuado por la realidad: el palmarés de Fer Effaré sigue vacío.
El diálogo tomó un cariz más personal cuando Don Fernando, un antiguo pilar del equipo, se acercó a Arrivapremier para hablar con él en privado. «Señor Maurizio, ¿podemos hablar?», le preguntó. Arrivapremier respondió con una mezcla de hospitalidad y desafío, preguntándole a Fernando si «echaba de menos los amores perdidos de un antiguo equipo» y aludiendo a un asunto pendiente: «Cuando veo a Sebastian en apuros, recuerdo los servicios que presté en el pasado. No pude ganar un tercer trofeo en aquel momento, pero hoy tienes la oportunidad de hacerlo». » El Kaiser Sebastian, que durante mucho tiempo fue el «Kaiser» simbólico de Fer Effaré, reaccionó con vehemencia a esta crítica. En una declaración encendida, calificó a Fernando de «reliquia» y «rechazado acabado», acusándolo de intentar en vano reclamar sus coronas. «Tu familia, abolida por mi voluntad, te abandona», advirtió Sebastián, añadiendo que Fernando quedaría atrapado para siempre en el «atolladero japonés» que él mismo se había creado. El discurso del Kaiser culminó con la proclamación de que la historia recordaría su nombre, y no el de sus adversarios, y que pronto se convertiría en «un ilustre sustrato de mi Dios Santo Schumi, el heredero designado de un augusto campeón».
En medio de este drama, Olaf Kimi, visiblemente ebrio, aportó una nota más ligera al bromear sobre el hecho de que pronto sería «padre por segunda vez» mientras «seguía bañándose en alcohol azucarado». Este comentario, aunque fuera de lugar, refleja la mezcla de esperanza, frustración y camaradería que impregna el reducido círculo de Fer Effaré en un momento decisivo. En resumen, la llegada de Maurizio Arrivapremier marca un nuevo y audaz capítulo para Fer Effaré. Con la clara misión de poner fin a una racha de dos años sin victorias, un renovado interés por el orgullo histórico y una galería de personajes —Kaiser Sebastian, Olaf Kimi, Don Fernando— que compiten entre sí por ganar influencia, los próximos meses se anuncian tan dramáticos como decisivos para el futuro del club.