Mientras circulan rumores sobre la posible retirada de Red Bull de la Fórmula 1, la pregunta es si la pérdida de este equipo cuatro veces campeón del mundo sería realmente una catástrofe.
La incesante rotación de participantes en la Fórmula 1 se ha convertido en algo casi tan emblemático como el propio deporte. En las últimas dos décadas, diez escuderías han desaparecido o renacido bajo nuevas banderas, lo que pone de relieve una tendencia en la que las salidas superan con creces a las llegadas. La parrilla de salida de 1995, por ejemplo, incluía nombres como Ligier, Footwork/Arrows, Tyrrell, Minardi, Pacific, Simtek, Jordan, Benetton y Forti, la mayoría de los cuales han desaparecido o cambiado de nombre desde entonces. Jordan se transformó en Force India después de haber sido Midland y Spyker, mientras que la estirpe Tyrrell continuó con BAR, Honda y, finalmente, Mercedes, el equipo campeón que conocemos hoy en día.
Los recién llegados han sido mucho más escasos, representando apenas la mitad de la facturación total. Escuderías como Jaguar (antes Stewart GP), Manor (antes Virgin y Marussia), Caterham (antes Team Lotus), HRT, Toyota y Super Aguri se han sumado a la lista de participantes efímeros.
En este contexto, el fundador de Red Bull, Dietrich Mateschitz, optó por tomar un atajo en lugar de crear un equipo desde cero. Patrocinador desde hace mucho tiempo de escuderías de segundo plano como Arrows y Sauber, el empresario austriaco decidió adquirir estructuras ya existentes: transformó la desaparecida Jaguar en Red Bull Racing y compró la desaparecida Minardi para lanzar la Scuderia Toro Rosso. La apuesta dio rápidamente sus frutos, con victorias en carreras y títulos mundiales en pocas temporadas, consolidando la imagen de Red Bull como una marca joven y ganadora. Hoy, sin embargo, los nuevos cambios normativos y una tensa relación con Renault han llevado al gigante austriaco a cuestionar su continuidad. Desde el punto de vista deportivo, el momento parece extraño: ¿por qué abandonar una posición dominante justo cuando surgen nuevos retos? Pero desde el punto de vista económico, la situación es clara: un equipo que no gana ofrece poco interés promocional para una empresa cuyo objetivo principal en la F1 es la amplificación de su marca. Conformarse con un puesto anónimo en la mitad de la tabla ya no se ajusta a los objetivos de Mateschitz, aunque su pasión personal por el automovilismo siga intacta. La propia Fórmula 1 necesita una parrilla de competidores estable y creíble. El reciente dominio de Red Bull ha sido un salvavidas para este deporte y, a pesar de sus actuales quejas sobre la normativa y el suministro de motores, la serie tendría todo el interés en conservar a un equipo que ha invertido masivamente y ha contribuido a mantener a flote la F1 en los últimos años. Con escuderías como Manor, Sauber y Force India al borde del abismo, la pérdida de un peso pesado como Red Bull podría empujar a este deporte hacia el colapso que muchos temen.