¿Es realmente razonable la temporada 2020?

¿Es realmente razonable la temporada 2020?
Crédito: FanF1

La pandemia mundial está afectando al deporte y a la Fórmula 1, dejando al automovilismo de alto nivel en una situación de incertidumbre, ya que se han pospuesto varios Grandes Premios de 2020. Quizás sea el momento de cerrar este difícil año y, si es posible, empezar de nuevo en 2021.

Mientras la pandemia sigue causando estragos en todo el mundo, quizá el mayor reto al que se enfrenta la Fórmula 1 ya no sea el tiempo por vuelta, sino mantenerse en la parrilla de salida. Los aficionados están ansiosos por que se reanude la temporada, pero los promotores de este deporte ya están barajando la posibilidad de comenzar en julio con un calendario repleto de 18 o 19 Grandes Premios, un programa que muchos temen que sea imposible de cumplir con total seguridad.

Hasta ahora, solo Mónaco ha insinuado que podría cancelarse, pero es muy probable que un número cada vez mayor de sedes se vean obligadas a renunciar. Con el repunte de los casos de COVID-19 en varias regiones, la organización de un Gran Premio a gran escala antes del verano parece poco realista, incluso en los escenarios más optimistas. Si la temporada comienza, tendrá que comprimirse en una frenética serie de fines de semana consecutivos, lo que significa que muchos anfitriones tradicionales podrían perder sus carreras. Los recientes brotes en lugares que pensaban haber superado lo peor, como Singapur, ilustran lo inestable que sigue siendo la situación. Liberty Media, a través de Ross Brawn, aboga por un ritmo de tres fines de semana de carrera consecutivos seguidos de una semana de descanso, con el objetivo de organizar entre 18 y 19 pruebas al año. Este ritmo añadiría presión a un deporte que ya fue advertido la temporada pasada por la sobrecarga del calendario. La mala gestión del Gran Premio de Australia en marzo, cuando la serie parecía indiferente a las preocupaciones sanitarias mundiales, ya ha empañado la reputación de la F1. Insistir en organizar un campeonato completo sin las medidas de seguridad necesarias podría convertir este perjuicio en una verdadera catástrofe.

Las repercusiones financieras podrían ser aún más graves. Si Liberty Media y el organismo rector del deporte podrían superar una temporada cancelada, los equipos son mucho más vulnerables. Varias escuderías ya han puesto a su personal en situación de desempleo técnico, han reducido los salarios de los altos directivos y han cerrado sus fábricas para unas vacaciones de verano anticipadas y prolongadas. Los equipos más pequeños y con dificultades financieras, como Williams y Racing Point, corren el riesgo de quedarse sin liquidez. Sus fuentes de ingresos, es decir, los derechos de retransmisión y los pagos de los patrocinadores, dependen de la celebración de las carreras; sin un calendario para 2020, estos ingresos se evaporan. Se cierne la amenaza de la retirada de los equipos, lo que recuerda a la crisis posterior a 2008, cuando los grandes fabricantes se retiraron para centrarse en su actividad principal, la automoción, dejando en la cuerda floja el costoso programa de ingeniería de la F1. En respuesta, se han propuesto multitud de formatos alternativos. Las ideas van desde carreras de exhibición fuera del campeonato en circuitos que han contenido el virus, hasta fines de semana dobles en un solo lugar, pasando por fines de semana de carreras completamente rediseñados que podrían servir como banco de pruebas para 2021. Lo esencial será separar los conceptos viables de los deseos piadosos. La organización de unas pocas carreras seguras y sin puntos podría mantener el deporte en el punto de mira, al tiempo que permitiría a Liberty Media experimentar con nuevas estructuras de fin de semana. Está claro que la actual crisis sanitaria obliga a la Fórmula 1 a replantearse su modelo de funcionamiento. Una mayor cooperación entre los equipos podría contribuir a preservar los puestos de trabajo y mantener intacta la parrilla. La reducción de costes, un tema recurrente, se convertirá en una prioridad urgente. En última instancia, el deporte debe volver a centrarse en sus valores fundamentales —las personas, la competición y la conexión con los aficionados— antes de poder reconstruir los cimientos financieros que se han visto profundamente sacudidos.