Desde su llegada a McLaren el año pasado, el piloto australiano carece de entusiasmo y ahora tiene dificultades al volante de su monoplaza. Antiguo compañero de equipo de Max Verstappen en Red Bull, debe encontrar rápidamente soluciones para recuperarse.
La temporada 2024 de McLaren está marcada tanto por la química fuera de la pista como por los resultados en ella, y en el centro de esta historia se encuentra Daniel Ricciardo, un piloto cuya sonrisa y celebraciones «shoey» se han vuelto tan reconocibles como sus ocho victorias en Grandes Premios. La popularidad del australiano lo ha convertido en un embajador mundial de este deporte, un papel que Liberty Media aprecia mucho, ya que la audiencia de la Fórmula 1 no deja de crecer. Sin embargo, las mismas cualidades que hacen de Ricciardo un favorito de los aficionados se ven ahora contrapuestas por una serie de resultados mediocres que han llevado al equipo con sede en Woking a cuestionarse su futuro.
Ricciardo debutó en la Fórmula 1 en 2011 con la escudería HRT, hoy desaparecida, antes de fichar por Toro Rosso durante dos temporadas, donde le costó sumar puntos con un coche poco competitivo. Su ascenso a Red Bull en 2014 le permitió superar a su compañero de equipo Sebastian Vettel, logrando sus primeras victorias en Canadá, Hungría y Bélgica, y terminando tercero en la clasificación de pilotos ese año, y de nuevo en 2016. Tras cinco temporadas en Red Bull, fichó por Renault en 2019, ayudando a la escudería francesa a volver al podio en 2020 y dando a McLaren su primera victoria en nueve años en Monza en 2021. En más de diez años, Ricciardo ha corrido para cinco escuderías, acumulando ocho victorias, treinta y dos podios, dieciséis vueltas rápidas y tres pole positions. Solo un puñado de pilotos actuales —Lewis Hamilton, Fernando Alonso, Sebastian Vettel y Sergio Pérez— han registrado más salidas en Grandes Premios. Su carrera ha atravesado los principales cambios normativos de este deporte, desde la era de los V8 hasta la fórmula V6 turbo-híbrida introducida en 2014, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento técnico que pocos pueden igualar.
Más allá de las estadísticas, el carisma de Ricciardo ha contribuido a mejorar la imagen de McLaren. Su humor desenfadado, sus frecuentes bromas con los medios de comunicación y sus celebraciones virales «shoey» han atraído a jóvenes aficionados, especialmente tras su aparición en la serie de Netflix Drive to Survive. En un deporte que a menudo se percibe como austero y centrado en los negocios, su presencia aporta un toque de ligereza que beneficia tanto a la imagen de marca del equipo como a sus patrocinadores. Sin embargo, la situación en la pista es muy diferente. Desde que forma equipo con Lando Norris en 2021, el australiano tiene dificultades para seguir el ritmo de su compañero. Norris, que cumple su cuarto año en McLaren, ha luchado regularmente por el podio y terminó el campeonato de 2023 en cuarta posición, mientras que Ricciardo ha caído al octavo puesto, con sus puntos dependiendo en gran medida de su sorprendente victoria en Monza. Este contraste ha acentuado la presión interna, ya que la dirección del equipo se ha visto obligada a sopesar la experiencia y el valor comercial de Ricciardo con la necesidad de sumar puntos de forma regular. El debate sobre el futuro de Ricciardo ya no es especulativo. Si bien su palmarés (diez años en la F1, varias victorias, una reputación de embajador consumado) aboga claramente por su permanencia, la ambición de McLaren de ascender en la clasificación de constructores podría requerir un piloto capaz de subir regularmente al podio junto a Norris. A medida que avanza la temporada, el equilibrio entre el atractivo comercial y la necesidad de competir determinará si el piloto nacido en Perth seguirá siendo un pilar del equipo o se convertirá en una nota al pie de página en su evolución. Las dificultades que ha encontrado Ricciardo en su primera temporada en McLaren pueden atribuirse a un nuevo entorno y a un coche completamente nuevo. Tras un 2022 que prometía el regreso a la forma del audaz e intrépido piloto de la época de Red Bull, la realidad ha sido una brecha cada vez mayor con su compañero de equipo Lando Norris. Mientras que el coche resulta difícil de controlar, Norris termina regularmente en los puntos e incluso consiguió un podio en Imola.
Ricciardo, por su parte, sigue buscando la configuración adecuada. Ha entrado en una espiral negativa, acumulando errores y pareciendo a la deriva en la pista. La mayoría de las veces, simplemente lucha por escapar de la Q1 en lugar de clasificarse para la Q3, y el australiano parece haber perdido tanto su agudo instinto de pilotaje como su espíritu combativo.
Un asiento muy codiciado Cuando un piloto flaquea en una escudería de F1, inevitablemente comienzan a circular rumores, y Daniel Ricciardo no es una excepción. Desde hace semanas, el futuro del coche n.º 3 es objeto de acalorados debates. A sus 32 años, el australiano es uno de los más veteranos de la parrilla, mientras que una nueva ola de talentos, impulsada por el dominio de Verstappen, está remodelando el deporte. Pierre Gasly, ganador de un Gran Premio hace dos años, es una de esas promesas, pero sus ambiciones en Red Bull se ven frenadas por la renovación del contrato de Sergio Pérez. Dado que los tres mejores equipos han asegurado sus asientos para varios años, un volante en McLaren representa ahora la mejor oportunidad para que un piloto brille. La escudería naranja también cuenta con una cantera de talentos procedentes de la IndyCar. Colton Herta, el ganador más joven del campeonato, ya forma parte de un programa de pruebas dedicado a la F1, mientras que Pato O'Ward llama a la puerta. El director del equipo, Zak Brown, ha condicionado la posible promoción de O'Ward a la obtención del título de IndyCar. A medida que se acerca la «silly season», periodo en el que circulan los rumores más descabellados por el paddock y se firman los contratos, el futuro de Ricciardo seguirá sin duda siendo objeto de especulaciones.
Una dirección que se impacienta Desde que Zak Brown tomó las riendas de McLaren Racing, el equipo fundado por Bruce McLaren ha experimentado una transformación: nueva imagen, nueva dirección, nuevo equipo de pilotos, nuevos patrocinadores… El efecto dominó ha sido muy positivo. Después de languidecer en la cola del pelotón hace unas temporadas, McLaren ahora lucha en la primera mitad de la clasificación, terminó tercero en el campeonato de constructores en 2020 y luchó hasta el final contra Ferrari el año pasado para defender ese puesto. Esta clasificación aumenta la presión sobre la dirección, ya que cada posición en la clasificación de constructores se traduce en primas de varios millones de euros. Para maximizar los puntos, un equipo necesita dos coches competitivos, una condición que McLaren no cumple actualmente. Brown advirtió recientemente que Ricciardo «no estaba cumpliendo con las expectativas del equipo». Con tanto en juego, el jefe estadounidense sabe que McLaren no puede permanecer mucho tiempo en esta situación de incertidumbre. Tanto si este comentario fue una provocación deliberada como una evaluación sincera, Ricciardo debe ahora revertir la tendencia con urgencia, so pena de ver cómo su sueño de ganar el título mundial, que acariciaba al comienzo de su carrera, se aleja aún más.