El debate erróneo entre algunos expertos y comentaristas de la F1 se está volviendo embarazoso, ya que es muy trillado. En lugar de centrarnos en la seguridad de este deporte, deberíamos centrarnos en los pilotos y simplificar las complicadas reglas para revitalizar la Fórmula 1.
Algunos observadores, e incluso algunos iniciados, afirman que la Fórmula 1 se ha vuelto demasiado segura y, por lo tanto, menos emocionante que antes. Esta afirmación puede parecer chocante, sobre todo tras los trágicos incidentes que marcaron el final de la temporada pasada y el comienzo de la actual.
No es necesario volver sobre el terrible accidente de Jules Bianchi en el Gran Premio de Japón en octubre de 2014, ni sobre el de Fernando Alonso en Barcelona a principios de este año, que le obligó a perderse la primera carrera. Estos acontecimientos ya han demostrado que este deporte sigue entrañando peligros reales.
El joven piloto francés sigue en cuidados intensivos en Niza, donde lucha por su vida rodeado de su familia, que probablemente consideraría cualquier comentario que minimice los riesgos de la F1 como inapropiado y absurdo. Alonso, por su parte, salió ileso, solo con problemas de salud temporales tras un violento choque lateral.
Lo que hace que estas críticas sean aún más desconcertantes es su origen. En primer lugar, está el tres veces campeón del mundo Niki Lauda. La leyenda austriaca sobrevivió a un accidente casi mortal en Nürburgring en 1976, que le provocó graves quemaduras y cicatrices de por vida. Como director no ejecutivo de Mercedes, sin duda odiaría ver a uno de sus protegidos en una situación similar.
Luego está Kimi Raikkonen, que cree que la Fórmula 1 carece de suspense. Viniendo de un piloto en activo, su punto de vista es comprensible: las carreras de monoplazas actuales exigen más gestión y resistencia que puro talento y trayectorias de carrera.
Su argumento separa el peligro de la seguridad, cuando ambos están estrechamente relacionados. ¿Cómo hacer que este deporte sea más peligroso sin comprometer la seguridad? El hecho de que ningún piloto haya fallecido en un Gran Premio desde 1994 refleja el compromiso de las autoridades reguladoras para subsanar las deficiencias de seguridad que antes afectaban a este deporte. En las últimas dos décadas se han introducido numerosas mejoras y hemos seguido disfrutando de muchos momentos emocionantes. Sin embargo, los pilotos de otras épocas señalan diferentes problemas que restan atractivo a este deporte. Max Verstappen (17 años) y Jenson Button (35 años) desearían ver coches con más apoyo aerodinámico y restricciones de conducción más estrictas, para permitir verdaderas batallas en la pista. Ambos reconocen que, con la normativa actual, acercarse al coche que va delante a menudo significa dañar los neumáticos y comprometer el resto de la carrera. Además, las reglas se han vuelto demasiado complejas y opacas, lo que genera confusión entre los pilotos y los aficionados. Las sanciones ilustran bien el problema: un piloto puede recibir una sanción de 25 puestos en una parrilla de salida en la que solo hay 20 coches. En Austria, Lewis Hamilton habría cruzado la línea de meta en cabeza con tres o cuatro segundos de ventaja, pero una penalización de cinco segundos lo relegó al segundo puesto. Este tipo de absurdos podrían llenar una larga lista de quejas dirigidas a la FIA, que parece desconectada de la naturaleza obsoleta de sus reglamentos. En lugar de buscar el peligro y el sensacionalismo, que solo ponen en peligro a los pilotos, verdaderos protagonistas de este deporte, habría que centrarse en volver a situar a los gladiadores en el centro de la arena y en destacar su talento. Al fin y al cabo, son los pilotos, y no las máquinas, los que suben al podio.