El calendario de 2021, publicado recientemente, incluye 22 carreras, suficientes para agotar a los coches, los pilotos y los aficionados, una idea desacertada motivada por la incesante búsqueda de beneficios.
Mientras la Fórmula 1 prevé un calendario de 23 carreras para 2022, el debate pasa del simple espectáculo a los aspectos prácticos de un campeonato verdaderamente mundial. La temporada récord del año pasado, con 22 pruebas, demostró el creciente atractivo de este deporte, pero también puso de manifiesto las limitaciones logísticas y medioambientales que conlleva tal expansión.
El calendario que se avecina promete nuevas sorpresas: Miami acogerá su primer Gran Premio a principios de mayo, mientras que Melbourne podrá por fin presentar sus nuevas instalaciones. Los circuitos clásicos (Imola, Mónaco, Spa) siguen en el programa, y el circuito urbano de Bakú debería volver, prometiendo el tipo de carreras impredecibles que tanto gustan a los aficionados. Sin embargo, cada etapa adicional obliga a los equipos a mantener un ritmo frenético, sobre todo si la lucha por el título refleja la intensidad de la batalla de este año. Las nuevas medidas de reducción de costes añaden una capa adicional de complejidad, exigiendo eficiencia dentro y fuera de la pista.
Los analistas del sector ya proponen un enfoque más racional del calendario: agrupar las carreras por bloques continentales, una estrategia que ya se utiliza en la GP2. Imagínese una gira por Oriente Medio para iniciar la temporada, seguida de una gira europea, luego asiática y, por último, americana para cerrar el campeonato. Esta organización permitiría reducir las distancias de desplazamiento, disminuir los gastos y limitar las emisiones de carbono del deporte, un objetivo clave ahora que la F1 se orienta hacia una mayor sostenibilidad.
Sin embargo, la realidad es más compleja que el concepto. Las condiciones meteorológicas estacionales dictan ciertas decisiones; por ejemplo, el Gran Premio de Malasia se trasladó a finales de año para evitar las perturbaciones causadas por el monzón. No obstante, una reorganización del calendario podría aportar beneficios medioambientales tangibles y revivir tradiciones muy apreciadas por los aficionados, como el final de la temporada en Interlagos, Brasil, donde el campeonato se disputa a menudo bajo una lluvia torrencial.