Una vez más, la Scuderia no ha podido seguir el ritmo de Max Verstappen, pero esta vez no es culpa de Ferrari: simplemente no ha podido competir con la velocidad del holandés.
Es difícil no tener una sensación de déjà vu cuando Max Verstappen suma una nueva victoria a su ya nutrido palmarés. Al comienzo del fin de semana, la atención se dividía entre el holandés y Ferrari. Verstappen estaba a punto de conseguir su décima victoria consecutiva, una hazaña que eclipsaría el récord de Sebastian Vettel, mientras que los SF-23 llegaban a Monza con la esperanza de poner fin a su dominio en su propio terreno. Una breve ola de optimismo se extendió por Italia cuando Carlos Sainz consiguió la pole position ante los tifosi, dejando a Charles Leclerc a la espera y a Verstappen con un pelotón sorprendentemente escaso detrás de él.
Incluso en esta incómoda posición, el vigente campeón nunca flaqueó. Fiel a sí mismo, Verstappen tomó la iniciativa, gestionando sus neumáticos a la perfección y distanciándose del español desde el principio. En las últimas vueltas, el Red Bull ya no era más que un punto lejano en el horizonte. Las críticas contra la Scuderia Ferrari han sido duras en las últimas carreras, pero hoy no hay mucho que objetar. El equipo de Fred Vasseur evitó el error de pit stop que le había perseguido en Zandvoort y realizó una actuación casi perfecta. Sin embargo, el Red Bull era simplemente más rápido y Verstappen, cómodo en su coche, controló mejor las primeras etapas. El podio de Sainz será bien recibido por el público italiano, aunque una victoria habría sido el sueño.