Un incidente inaceptable empañó este Gran Premio, con una grúa situada en la pista a solo unos metros de los pilotos.
Mientras el Gran Premio de Japón se disputaba bajo una lluvia torrencial en octubre, una cuasi catástrofe en el circuito de Suzuka recordó a todos que la seguridad aún puede verse comprometida por una mala planificación. Cuando el coche de Carlos Sainz se salió de la pista, se envió una grúa y luego una grúa móvil a la línea de carrera mientras otros coches circulaban a más de 150 km/h, una maniobra que podría haber convertido un accidente en una tragedia. El incidente provocó la ira en el paddock, pero la respuesta de la FIA se centró en culpar a Pierre Gasly por «conducir demasiado rápido», eludiendo así el verdadero error de procedimiento que consistió en intervenir con maquinaria pesada de rescate en un circuito en funcionamiento. Este episodio plantea una cuestión más amplia: ¿debe organizarse un Gran Premio en Japón en octubre, un mes conocido por sus fuertes lluvias, tifones y baja visibilidad? La historia ya ha demostrado los riesgos: un accidente mortal ocurrido en Suzuka hace años sigue acechando a los aficionados. Los mismos problemas de calendario se plantean hoy en día en MotoGP, donde el Gran Premio de Tailandia estuvo a punto de ser cancelado debido a condiciones meteorológicas similares.
Lo que este deporte necesita hoy en día es un examen en profundidad de sus decisiones operativas. Las grúas de rescate solo deben desplegarse después de que la pista haya sido despejada y todos los coches estén detenidos, y los calendarios de carreras deben evitar los meses en los que las condiciones meteorológicas suelen ser adversas. Solo reforzando estos protocolos podrá la Fórmula 1 garantizar que un accidente evitado por poco, como el de Suzuka, nunca se convierta en una catástrofe.