El piloto mexicano ya no es tan talentoso y se siente tan cómodo como lo estaba en su última temporada en Racing Point y en su primer año en Red Bull. Aunque todavía tiene un contrato de dos años con la escudería austriaca, es razonable preguntarse si se lo merece.
La decisión de Red Bull de mantener a Sergio Pérez en la cabina se está convirtiendo en un caso de estudio en el que los cálculos comerciales prevalecen sobre el rendimiento puro. El piloto mexicano, que desempeñó un papel decisivo en el primer título mundial de Max Verstappen y que tiene el don de remontar desde la parte trasera del pelotón hasta la cabeza, ha visto cómo su rendimiento en pista ha ido decayendo a medida que avanzaba la temporada 2024.
Aunque terminó el año anterior como subcampeón, Pérez se encuentra ahora a la zaga no solo de su compañero de equipo, sino también de la mayoría de los pilotos de la parrilla. La temporada pasada, el dominante coche de Red Bull ocultaba su falta de velocidad, pero este año, la máquina construida en Austria ha perdido su ventaja, lo que ha permitido a Mercedes, McLaren y Ferrari situarse al lado, o incluso por delante, del equipo campeón. En este contexto, Pérez ha retrocedido hasta la cola del pelotón, lo que hace aún más incomprensible la reciente renovación de su contrato por dos años por parte del equipo. El apoyo incondicional de Helmut Marko a Pérez contrasta fuertemente con el trato que han recibido antiguos pilotos de Red Bull como Daniil Kvyat y Pierre Gasly. La explicación más plausible reside en las ventajas financieras y de marketing que aporta Pérez. Respaldado por una serie de patrocinadores mexicanos, el piloto oriundo de Guadalajara ocupa un lucrativo asiento y sirve como icono nacional, lo que amplía la visibilidad de la marca Red Bull en toda Sudamérica y, por extensión, estimula las ventas de productos. Sin embargo, las cifras en la pista cuentan otra historia. Desde Imola, Pérez no ha logrado encadenar un fin de semana sin incidentes. Chocó contra el muro durante la clasificación en Emilia-Romaña, abandonó tras solo dos curvas en Mónaco, no logró pasar la Q1 en Canadá antes de salir de la carrera, se quedó fuera de la Q3 en España y se conformó con el octavo puesto, desapareció de la carrera en Austria en un circuito que debería haber sido adecuado para su coche, y terminó en la grava en la primera sesión en Silverstone. Esta letanía de errores ha suscitado una creciente duda entre los aficionados y los expertos.
Dentro del equipo, la brecha entre Pérez y Verstappen se está ampliando, lo que plantea preguntas sobre por qué un piloto que comete errores repetidamente sigue al volante mientras jóvenes talentos prometedores como Isack Hadjar y Liam Lawson llaman a la puerta. A pesar de su palmarés y su atractivo comercial, todo apunta a que quizá sea el momento de que Red Bull reevalúe el equilibrio entre sus intereses comerciales y sus ambiciones deportivas.