Durante el Gran Premio de los Países Bajos, los comisarios activaron el coche de seguridad virtual, una táctica que está perdiendo popularidad, sobre todo cuando sería más adecuado utilizar un coche de seguridad físico.
Las decisiones incoherentes de los comisarios empiezan a parecer una variable oculta que puede inclinar la balanza en un Gran Premio. La última carrera lo ilustró de forma llamativa: durante los entrenamientos libres, Lewis Hamilton rozó a tres rivales sin recibir ninguna reprimenda, mientras que otros pilotos fueron penalizados por maniobras similares. Esta disparidad marcó la pauta de un fin de semana en el que las decisiones de los oficiales parecían tan impredecibles como el tiempo. El drama se intensificó el día de la carrera cuando Yuki Tsunoda, piloto de AlphaTauri, detuvo su coche dos veces al borde de la pista. La primera parada le permitió volver a arrancar, pero un segundo problema, más grave, le obligó a abandonar. Dado que el coche averiado se encontraba cerca de una vía de evacuación, la dirección de carrera optó por un coche de seguridad virtual (VSC) en lugar de desplegar un coche de seguridad a gran escala. Los críticos afirman que, al no haber ningún vehículo de asistencia cerca, lo adecuado habría sido utilizar un coche de seguridad real. El VSC permaneció en pista mucho más tiempo del necesario, lo que ralentizó el ritmo de la carrera y frustró tanto a los pilotos como a los espectadores.
Unas vueltas más tarde, Valtteri Bottas se detuvo en la recta principal, siendo su abandono inevitable, pero en este caso gestionado correctamente por los comisarios. El contraste entre el prolongado VSC de Tsunoda y la rápida resolución del caso de Bottas puso de manifiesto la falta de un protocolo claro y coherente.
Muchos aficionados y expertos afirman ahora que el VSC debería reservarse para las sesiones de entrenamientos libres, donde su impacto en el espectáculo es mínimo. En una carrera, un coche de seguridad real puede generar entusiasmo, alterar las estrategias y mantener viva la competición, a veces en detrimento de los esfuerzos de un piloto individual, pero siempre dentro del espíritu de la carrera. La ambigüedad actual sobre el uso de medidas de seguridad virtuales o reales corre el riesgo de perjudicar el carácter espectacular que hace que la Fórmula 1 sea tan cautivadora.