Una vez más, el mundo del deporte demuestra que el dinero es lo que manda, por encima incluso de las preocupaciones relacionadas con la seguridad de las personas.
«Dinero, dinero, dinero. Debe de ser divertido», cantaba ABBA en su emblemático éxito. En realidad, el dinero rara vez es tan divertido. Durante el fin de semana de Fórmula 1 en Arabia Saudí, en el circuito de Yeda, un misil impactó en una instalación petrolera de Aramco a pocos kilómetros de la pista. El incidente planteó inmediatamente un dilema: ¿debía cancelarse la carrera o mantenerse el programa? Aunque los pilotos parecían haber llegado a un consenso, esta opinión se desvaneció en cuanto entraron en juego presiones externas. La reacción de Pierre Gasly tras la reunión de emergencia lo decía todo: su rostro expresaba lo que las palabras no podían decir. Una persona puede mentir, pero su cuerpo no. Entonces, ¿por qué continuar cuando hay vidas en peligro? La respuesta probablemente esté en el dinero. Aramco se compromete a pagar varios cientos de millones de dólares durante un periodo de diez años para acoger la F1 en suelo saudí. Aunque las finanzas de este deporte son sólidas, esos pocos millones de dólares parecen haber inclinado la balanza. Afortunadamente, no se produjeron más ataques y los pilotos salieron ilesos, pero imaginen el revuelo que se habría armado si se hubiera producido una tragedia similar durante el Gran Premio de 50 vueltas. Como advirtió Damon Hill en Twitter, «la F1 está jugando con fuego».