Chris Amon, el piloto neozelandés de 73 años que ganó las 24 Horas de Le Mans en 1966, falleció esta mañana. Aunque consiguió cinco pole positions en la Fórmula 1, nunca ganó una carrera.
Un discreto comunicado publicado esta mañana por su familia ha confirmado el fallecimiento de Chris Amon, originario de Nueva Zelanda, tras una larga enfermedad. Aunque su nombre nunca figuró en lo más alto del podio de Fórmula 1, este veterano de 96 carreras dejó una huella indeleble en la edad de oro de este deporte, sobre todo gracias a sus compañeros y a las victorias que consiguió.
La trayectoria de Amon es como un repaso a las escuderías más prestigiosas de la F1: sus etapas en Ferrari, Brabham, Matra, March, Lotus y BRM le situaron junto a leyendas como Jackie Stewart, Mike Hailwood, Jackie Ickx, John Surtees y Jochen Rindt. Aunque nunca ganó un Gran Premio, su velocidad era innegable: cinco pole positions y tres vueltas rápidas dan testimonio de un piloto que a menudo podía superar a sus competidores en las clasificaciones. Su única gran victoria se remonta a 1966, cuando ganó con su compañero de equipo las famosas 24 Horas de Le Mans, lo que demuestra su versatilidad y resistencia. Tras colgar los guantes de piloto en 1977, Amon se dedicó a la parte técnica de este deporte, convirtiéndose en consultor de Toyota, sin perder su fascinación por el deporte que había ayudado a moldear. La desaparición de Chris Amon se siente no solo por aquellos que lo vieron competir en los circuitos, sino también por sus numerosos compañeros de equipo e ingenieros que respetaban su talento, su profesionalidad y su inquebrantable amor por la Fórmula 1.